¿Presente?

Las personas estamos hechas de recuerdos. De recuerdos y de deseos. Nos pasamos media vida pensando en todo lo que hemos vivido y la otra media soñando con lo que vendrá.

Entiendo que es difícil centrarse en el presente, si fuera una tarea sencilla todos seríamos más felices. Probablemente.

Cada vez que vivimos algo no podemos evitar que nuestra memoria juegue con nosotros y nos recuerde algo similar que ya vivimos. Incluso tenemos grupos de amigos que sobreviven gracias a los recuerdos que un día construyeron y que se pasan horas y horas rememorando, pensando en cómo eramos y en lo que somos. En todo el tiempo que ha pasado y en como daríamos la vida muchas veces por volver a esos momentos y disfrutarlos mucho más, sabiendo ahora que los vamos a echar tanto de menos en el futuro.

No entiendo a la gente que no vive al cien por cien de lo que es posible. Se puede trabajar y tener vida. Y familia. Y pareja. Lo único que ocurre es que es agotador, pero ¿acaso no merece la pena? Todos dicen que una vida plena es aquella en la que encontramos el equilibrio entre todas esas facetas de la propia vida que son necesarias para ser felices. De lunes a viernes trabajo, salir los sábados y comer con la familia el domingo, pero todos sabemos que luego cada uno tiene unas circunstancias y que todo es mucho más difícil conforme van pasando los años. Y sin embargo, a mi me parece que la vida nos pone más trabas porque somos más capaces de manejarlas. Si no se puede quedar un sábado, se busca una comida improvisada, pero no dejes que tus amistades mueran, ni que tu pareja se aburra, ni que tu familia sienta que no te tiene cerca, ni que tu jefe piense que no eres suficientemente responsable. Este ritmo de vida, de seguro pasará factura, pero sinceramente prefiero luchar cada día de mi vida por mantener cerca a todas esas buenas personas que la vida ha ido poniendo a mi paso, personas a las que debo tantísimo que sólo se  me ocurre darles… mi tiempo. Y al final te das cuenta de que ni así les estás dando algo más grande de lo que estás recibiendo: el suyo.

Cada persona deja algo de ellos dentro de nosotros y de alguna manera, nos enseña otra forma de vivir, otras ideas, otros mundos. Y del compendio de todos ellos, poco a poco, vamos viviendo nuestra vida, generando recuerdos que serán nuestro mayor apoyo para vivir los malos momentos y que serán las mejores bases para nuestros sueños.

Because i knew you… i have been changed for good.

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Christmas

Cada uno encuentra la navidad en un rincón diferente. Para mí, siempre ha sido algo mágico que me llenaba de alegría. Ver a los niños disfrutando entre canciones y luces por todas partes, ver la magia de la vida en cada momento, pues todos estaban de mejor humor, con el corazón blandito…

Pero siempre hay un símbolo que nos llega más que otro y para mí, es el árbol de navidad. Pero no vale cualquier árbol, tiene que ser el mío. El de mi casa, el que preparamos cada año entre toda la familia y que lleva inalterable tantos años.

Quizá por eso fue en ese momento, al ver el árbol (incluso aún sin terminar y ni mucho menos encendido) cuando entendí de golpe todo el miedo que le tenía a la llegada de la navidad. Hasta ahora había pasado por ella deleitándome de los detalles habituales sin que me supusiera un dolor que realmente fuera notable. Sin embargo, ver el árbol esperando mi parte, que lo adornara como cada año, como si nada hubiera cambiado cuando han cambiado tantas cosas.

No había imagen en mi mente, no había nada realmente dentro de mi en ese momento, simplemente las ganas de expulsar lo que tanto tiempo había estado escondido dentro. Y ahora noto como si hubiera perdido a esa parte y la echo de menos… Era parte de mi conexión con quien ya no está, mi forma de echarlos de menos. Supongo que tendré que habituarme a esta nueva forma, más dolorosa, y luchar por que sea lo más llevadera posible.

Desde luego, la magia de la navidad existe. Al feliz le hace ser mejor persona y ayudar a aquél que no lo es tanto. Y al triste le enseña el camino para cambiar las cosas.

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