Christmas

Cada uno encuentra la navidad en un rincón diferente. Para mí, siempre ha sido algo mágico que me llenaba de alegría. Ver a los niños disfrutando entre canciones y luces por todas partes, ver la magia de la vida en cada momento, pues todos estaban de mejor humor, con el corazón blandito…

Pero siempre hay un símbolo que nos llega más que otro y para mí, es el árbol de navidad. Pero no vale cualquier árbol, tiene que ser el mío. El de mi casa, el que preparamos cada año entre toda la familia y que lleva inalterable tantos años.

Quizá por eso fue en ese momento, al ver el árbol (incluso aún sin terminar y ni mucho menos encendido) cuando entendí de golpe todo el miedo que le tenía a la llegada de la navidad. Hasta ahora había pasado por ella deleitándome de los detalles habituales sin que me supusiera un dolor que realmente fuera notable. Sin embargo, ver el árbol esperando mi parte, que lo adornara como cada año, como si nada hubiera cambiado cuando han cambiado tantas cosas.

No había imagen en mi mente, no había nada realmente dentro de mi en ese momento, simplemente las ganas de expulsar lo que tanto tiempo había estado escondido dentro. Y ahora noto como si hubiera perdido a esa parte y la echo de menos… Era parte de mi conexión con quien ya no está, mi forma de echarlos de menos. Supongo que tendré que habituarme a esta nueva forma, más dolorosa, y luchar por que sea lo más llevadera posible.

Desde luego, la magia de la navidad existe. Al feliz le hace ser mejor persona y ayudar a aquél que no lo es tanto. Y al triste le enseña el camino para cambiar las cosas.

navidad

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