No lo intentes, HAZLO.

¿Nunca os han dicho tanto algo sobre vosotros mismos, que habéis llegado a creéroslo? A veces estamos tan predispuestos a pensar que no podemos hacer algo, que cuando alguien nos pregunta nos damos cuenta de que ni siquiera lo hemos intentado. Todos tenemos puntos fuertes, es cierto pero ¿por qué eso impide que intentemos ir más allá de nuestros límites? Quizá encontremos allí algo que nos llene más que aquello a lo que estamos acostumbrados.

De hecho, lo que mejor sabemos hacer no tiene por que venir de nuestras habilidades, sino que en muchas ocasiones viene de nuestra rutina, de lo que hacemos cada día. Porque no importa como de mal se nos diera al principio, en casi todos los campos, con esfuerzo y tiempo llegamos a ser maestros de la materia.

Así que mi recomendación del día es la misma que me ha dado alguien recientemente: PRUEBA. Pero no lo intentes, hazlo. No importa como salga, lo que importa es lo que sientes haciéndolo. Y así a lo mejor descubres que tienes mucho más que ofrecer de lo que siempre te hicieron pensar.

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Venga, ataca. Lo estoy esperando.

Hace varias lunas que desperté en el bosque de nuevo. Por extraño que parezca, esta vez ni siquiera se que hago aquí. Tan sólo se que de repente, sus árboles parecen mas frondosos, no dejan pasar la luz. Pero esta vez no estoy sola, hay alguien entre las sombras aunque no parece venir para ayudar. Intento levantarme, intento hablar con esa sombra, pero todo lo que obtengo es el aullido del viento que me hiela los nervios y me sienta de un plumazo.

Casi prefería la soledad… Y ahora me doy cuenta. Estoy cansada. Es simplemente eso, el cansancio me trajo al bosque, uno del que te deja horas dándole vueltas a la cabeza. Quizás la única opción lógica sea quedarme a pasar un rato, reconectar con el sufrimiento para volver a entenderlo.

Y a pesar de todo, sólo oigo una frase: “Venga ataca, lo estoy esperando”

No puedo dejar que venza, no se si es orgullo o miedo, puede que ambas, pero están volviendo todos las bestias que creí dejar atrás y eso no puedo permitirlo. Ya tengo mi leño en llamas, preparado para espantar los demonios.

“Que vengan”

¿Fracaso?

Hoy tengo una pregunta que nunca pensé que pudiera dar para tanto:

¿Qué es el fracaso?

Lo más interesante de esta pregunta es que su respuesta dependerá en gran medida de a quien le estemos preguntando. Para mí, la gran mayoría de nuestros fallos no son fracasos sino tropiezos, piedras en el camino que existen para que aprendamos alguna lección y, sólo si no somos capaces de aprender esa lección, se convierten en fracasos.

Me doy cuenta cada vez más de que existen personas incapaces de ver este vaso del fracaso medio lleno. Cada mala noticia es solo eso, algo malo, negativo, una razón para estar triste y nada más. Pero, si no es nada más, ¿Qué razón tiene para existir? Quizás no haya ninguna y sea sólo eso, que la vida es así, pero creo que es mucho más fácil vivir pensando en lo bueno escondido tras cada una de esas piedras. Y sobre todo mucho más bonito (La vida ya es bastante turbia por sí sola como para verla desde su ángulo más oscuro).

¿Son el éxito y el fracaso caminos opuestos?

Desde luego que no. Son muy pocos si es que existen los que han logrado tener verdadero éxito, ya sea en el ámbito laboral o personal, sin sufrir antes algún que otro fracaso (¡o incluso muchos!). Esto debería dejarnos claro que el fracaso (o tropiezo) no es más que la primera parada en el camino hacia el éxito.

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Dicho esto, ¡fracasad! o mejor dicho, tropezad. Tropezad sin parar, pero nunca perdáis de vista la lección que se esconde detrás de cada piedra, porque si no os desviaréis del camino correcto.

Sin esperar nada a cambio

Hay situaciones que te hacen darte cuenta de muchas cosas. Es curioso como un sólo segundo, una decisión, una noticia, algo efímero a fin de cuentas, puede hacerte comprender una gran lección de vida.

Hoy, después de un mes de noticias y decisiones, de segundos que cambian vidas, tristemente me doy cuenta de que no importa lo que hagas por alguien, al final será ese alguien quien decidirá si está o no cuando tu lo necesites. En realidad nunca dependió de ti pues hay personas que incluso sin que tu hayas puesto tu granito de arena, no dudarán en darte toda su ayuda y apoyo, y otras que habiendo recibido de ti todo lo posible, simplemente desaparecerán de tu vida.

Lo uno nos da una grata sorpresa y lo otro una tremenda decepción. Después de esto, me doy cuenta de que el dicho “da sin esperar nada a cambio” no es tan filantrópico  como parece en un primer momento; ahora tiene otro sentido: Da sin esperar nada a cambio, pues lo que recibas de esta persona no va a depender de lo que le diste.

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Sin embargo, lo que le des sí que te definirá como persona, te aportará estabilidad emocional, calma, y al final del camino, tendremos lo que dimos, aunque debamos entender que no necesariamente vendrá de aquellos que fueron afortunados de tenernos.

En segundos

Hay días que te cambian la vida. Ya sea para bien o para mal, todo cambia en un segundo. La vida se va y viene en tan sólo un abrir y cerrar de ojos. Hay días que desearías que todo fuera más sencillo aunque si lo pensamos bien… más sencillo no puede ser.

El mensaje es claro: Vive bien y vive mucho, que nunca se sabe por donde puede salir la vida.

Lo que está claro es que si algo te enseñan los reveses de la vida es a luchar. Pase lo que pase, digan lo que digan. Porque nadie sabe si están equivocados y si, luchando, podrías llegar más lejos o podrías salvarte. El pensamiento positivo, a veces, es lo único que nos queda.

Y sin embargo, no es poco. Así que luchemos cada día por simplificarlo todo, por vivir el día a día sin perder de vista el mañana pero sabiendo siempre que nunca sabremos que día es el último.

Vamos, que carpe diem.

Just give me a memory

Los sentimientos son, en su mayoría, efímeros.

Pero la vida nos regala pequeños momentos, recuerdos, que nos permiten revivirlos una y otra vez mientras nuestra memoria sea lo suficientemente potente. Pero lo más especial de algunos de esos recuerdos, es que se esconden detrás de lo que menos esperas; A saber, una pared blanca, un caramelo en un bolsillo, una flor o un instrumento. Olores, sabores o imágenes que te transportan muy lejos de donde estás, a otro tiempo y otro lugar en el que viviste algo realmente importante.

Lo bueno, es que te permite revivir los buenos momentos. Lo no tan bueno, que no discierne cuales de esos recuerdos son buenos y cuales tristes. Tristes y no malos, pues los malos ya se encarga nuestro maravilloso subconsciente de eliminarlos (casi siempre).

Y al final, son siempre los detalles los que marcan nuestra vida. Ya sea pasado, presente o futuro.

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Frágiles

El ser humano es realmente un animal muy frágil. ¿Habéis notado como nos sentimos incapaces de la tarea más sencilla sólo por un poco de fiebre? Ante las dificultades, si nos dejamos llevar, nuestra naturaleza nos hace terminar en un sofá, calentitos y durmiendo hasta que se nos pase. En realidad, da lo mismo que nuestra dolencia sea física o psicológica: en cuanto vemos la oportunidad de tumbarnos hay algo dentro de nosotros mismos que nos empuja a tirar la toalla. “El camino fácil” que siempre está ahí, atractivo y maloliente, esperando a que caigamos en sus redes.

Es por eso que admiramos tanto a aquellos que ante las dificultades no dudan un momento en ni siquiera sentarse. Porque eso les acercaría a la tentación y ellos tienen claro que ese camino será más fácil pero desde luego no les llevará al éxito.

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Hay tanta gente a la que he oído decir cosas como “yo que culpa tengo” “lo he pasado muy mal, ¿cómo quieres que esté?” Que ¿cómo quiero que estés? Vivo. Quiero que estés vivo. Porque como dijo un grande, ya tendremos tiempo de dormir cuando estemos muertos, y todo ese tiempo que malgastamos recreándonos en nuestro dolor no sirve sino para convertirnos en peores personas, cada vez capaces de menos, pero eso sí, con una suerte terrible.

Pues yo he decidido que no creo en la suerte, porque pienso que creer en ella es el camino fácil. Crea tu propia suerte con esfuerzo, con dedicación y con una voluntad férrea que te permita andar sobre tus pasos en busca de soluciones (porque lo de buscar sólo errores no sirve de mucho y buscar culpables está muy visto y total, nunca fuimos nosotros mismos).

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Lo bueno de mi ¿suerte? es que después de conocer a tantas personas encantadas consigo mismas pero, en su propia opinión , despreciadas por el cosmos, la vida, la suerte o cualquier otro chivo expiatorio, he querido conocer al punto opuesto, a una serie de personas que desde muy jóvenes han decidido crear su suerte y luchar por ella con todo lo que tienen. No tengo la más mínima duda de que serán ellos a quienes miraré dentro de unos años y pensaré en lo orgullosa que me he sentido siempre de ellos.

Y lo peor de todo es que son estas personas, las que recorren su propio camino y luchan día a día, las que suelen tener peor concepto de sí mismas, porque como no creen en la suerte, tampoco creen en la mala suerte y eso suele implicar que ellos son los únicos culpables de sus fallos. Teniendo en cuenta que todos fallamos más que a menudo, esa puede ser una dura carga.

Así que desde aquí les pido a esas personas, que se den cuenta de lo maravillosas que son por andar sus pasos y no dejarse llevar por el rebaño, por ser únicas y especiales, y dejen de sentirse menos que una sociedad limitada por su propia inercia.

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Y lo importante que es creer en uno mismo.

A medida que vamos creciendo como personas vamos aprendiendo una gran lección: querernos más que a nadie porque nadie nos va a querer más que nosotros mismos; Pero esto no debe confundirse (y más que a menudo ocurre) con el egoísmo.

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Querernos más que a nadie no significa pensar que somos mejores que los demás o que merecemos más que los demás. Lo que nos merezcamos dependerá de nuestros esfuerzo y nuestro trabajo, no del simple hecho de existir.

Querernos más que a nadie no significa ponernos siempre ante las necesidades de los demás, es compatible tener autoestima y saber querer a los demás. Porque ellos también hacen cosas por nosotros y en ocasiones, sacrifican su propia necesidad por la nuestra.

Eso es el amor, ¿no? Entonces, si para querer a otro hay que poner sus necesidades por encima de las nuestras y para tener autoestima tenemos que querernos a nosotros mismos más que a nadie… ¿Qué leches quieren que hagamos?why-is-CCS-exam-difficult

En el equilibrio está la virtud. Debemos saber cuando alguien merece (como ya hemos dicho, por sus esfuerzos y no por lo enamorados que estemos) nuestro sacrificio y en que ocasiones debemos saber darnos el lugar que nos corresponde.

Es un duro ejercicio de reflexión y es tremendamente difícil encontrar ese punto en el que todo esté en equilibrio, ya que siempre habrá quien te diga que estás siendo demasiado duro o demasiado blando, quien te diga que de bueno eres tonto y quien te diga que te pasas de listo. Pero al final lo que importa es que tú te sientas libre y feliz con las decisiones que has tomado. Y así siempre encontrarás el camino.

Carácter

¿Puede un reto cambiarnos?

Si es lo suficientemente grande, un reto nos mostrará lo mejor (o lo peor) de nosotros. En cualquier caso, en algún momento nos hará caer y nos pondrá a prueba; De nosotros y sólo de nosotros dependerá como afrontemos el resto de la montaña.

Habitualmente, encontramos varias fases. Primero nos encontramos llenos de energía, hemos decidido enfrentarnos a esto porque nos vemos capaces, porque somos capaces. Vemos el camino mucho más corto de lo que luego resultará ser. Después, poco a poco vamos perdiendo fuelle pero nos convencemos a nosotros mismos de que es normal, el reto es difícil y debemos permitirnos bajar el ritmo. Llega un momento en que pensamos que no podemos más, lo vemos todo negro, no sabemos si llegaremos a la meta pues, realmente era un reto muy difícil. ¿Quizás nos pasamos de listos? Y este, sin duda, es el momento decisivo: ¿Cómo reaccionamos cuando literalmente no podemos más? En ese momento en que sentimos que la montaña era demasiado alta y no nos queda oxígeno, sólo podemos actuar de dos formas: abandonar o cambiar el chip, y lo segundo es difícil y realmente digno de admirar.  Se trata de darle la vuelta a todo lo que hemos hecho hasta el momento, buscando una fisura, algo que pudieras haber hecho mejor, otra forma de hacer lo que ya se ha hecho para encontrar un resultado diferente. Lo bueno de este camino es que tiene un resultado estimulante; Cuando consigues ver la otra cara de la moneda y descubres donde estaba el fallo que te impedía alcanzar tu meta, te sientes nuevamente lleno de energía y con más ganas que antes de lograr tu objetivo. Ahora la meta está más cerca y sabes que no es tu imaginación jugándote una mala pasada: realmente está cerca y eso te hace sentir que claro que puedes, es el último empujón.

Y de toda esta montaña, podemos aprender una valiosa lección que, de llegar a nuestras entrañas, puede cambiarnos para siempre. No hay montaña suficientemente alta, todo puede lograrse con tiempo, dedicación, mucho esfuerzo pero sobre todo, una mentalidad abierta y positiva que no nos hunda ante los problemas sino que nos incite a buscar soluciones donde antes solo encontramos decepciones.

Y es que la mente es tremendamente poderosa.

Possible Not Impossible

 

¿Presente?

Las personas estamos hechas de recuerdos. De recuerdos y de deseos. Nos pasamos media vida pensando en todo lo que hemos vivido y la otra media soñando con lo que vendrá.

Entiendo que es difícil centrarse en el presente, si fuera una tarea sencilla todos seríamos más felices. Probablemente.

Cada vez que vivimos algo no podemos evitar que nuestra memoria juegue con nosotros y nos recuerde algo similar que ya vivimos. Incluso tenemos grupos de amigos que sobreviven gracias a los recuerdos que un día construyeron y que se pasan horas y horas rememorando, pensando en cómo eramos y en lo que somos. En todo el tiempo que ha pasado y en como daríamos la vida muchas veces por volver a esos momentos y disfrutarlos mucho más, sabiendo ahora que los vamos a echar tanto de menos en el futuro.

No entiendo a la gente que no vive al cien por cien de lo que es posible. Se puede trabajar y tener vida. Y familia. Y pareja. Lo único que ocurre es que es agotador, pero ¿acaso no merece la pena? Todos dicen que una vida plena es aquella en la que encontramos el equilibrio entre todas esas facetas de la propia vida que son necesarias para ser felices. De lunes a viernes trabajo, salir los sábados y comer con la familia el domingo, pero todos sabemos que luego cada uno tiene unas circunstancias y que todo es mucho más difícil conforme van pasando los años. Y sin embargo, a mi me parece que la vida nos pone más trabas porque somos más capaces de manejarlas. Si no se puede quedar un sábado, se busca una comida improvisada, pero no dejes que tus amistades mueran, ni que tu pareja se aburra, ni que tu familia sienta que no te tiene cerca, ni que tu jefe piense que no eres suficientemente responsable. Este ritmo de vida, de seguro pasará factura, pero sinceramente prefiero luchar cada día de mi vida por mantener cerca a todas esas buenas personas que la vida ha ido poniendo a mi paso, personas a las que debo tantísimo que sólo se  me ocurre darles… mi tiempo. Y al final te das cuenta de que ni así les estás dando algo más grande de lo que estás recibiendo: el suyo.

Cada persona deja algo de ellos dentro de nosotros y de alguna manera, nos enseña otra forma de vivir, otras ideas, otros mundos. Y del compendio de todos ellos, poco a poco, vamos viviendo nuestra vida, generando recuerdos que serán nuestro mayor apoyo para vivir los malos momentos y que serán las mejores bases para nuestros sueños.

Because i knew you… i have been changed for good.

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