Demasiado

Llega un momento en que los problemas no te derrotan, te cansan.

Siempre se ha dicho que las desgracias nunca vienen solas, que la vida tiene épocas que nos ponen a prueba. Cuando llevas mucho tiempo en una de estas épocas, las cosas siguen golpeándote por supuesto, pero tu ya no sientes los golpes. Empiezas a saber que te han golpeado por las cicatrices que vas encontrando por tu cuerpo, pero dejas de ser totalmente consciente de lo que te ocurre para pasar a encontrarte en un estado de falsa felicidad que te acompaña cada día.

Hasta que en algún momento, todas las cosas se unen y te tumban de un sólo golpe. De repente eres consciente de todo lo que te rodea, demasiado consciente incluso. Tanto, que exageras cualquier cosa que sientas en ese momento, porque lógicamente, todo junto es demasiada tela que cortar.

Ahora sólo queda mirar adelante, a ese gigante que espera puño en alto. Y correr hacia su estómago para pegarle con todas nuestras fuerzas. No va a irse pero, ¿Qué otra opción nos queda?

 

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Vive

Siente, no pienses.

Siente. Cada palabra y mirada, cada latido del corazón. Cada salto que dan tus pasos en busca de un mañana que cumpla sus sueños. La mente da forma a los sentimientos, pero si pensamos demasiado no seremos capaces de sentir de verdad. Apaga el cerebro, sólo un momento, y permítete sentir con tu cuerpo, con tu alma. Y déjate llevar hasta que encuentres tu camino. Ya luego piensa, pero sigue sintiendo, pues al final es lo que te dará la vida.

Hazlo, no pruebes.

No siempre hay segundas oportunidades, no siempre puedes dudar. Ese segundo de indecisión puede ser la diferencia entre éxito y fracaso. Agarra las oportunidades y simplemente ¡hazlo! Es cuestión de decisión no de capacidad. Tú puedes, y si puedes, ¿por qué no hacerlo?

Habla, no hay dudas.

No guardes el dolor. Se acumula y sólo genera odio, rencores y frustraciones. Habla sin miedo y sin vergüenza, lo que no digas se quedará en tu conciencia. Pero habla con el corazón y ten en cuenta con quien hablas, para ser sincero no hace falta ser brutal.

Vive, no mueras.

La vida es corta, ¡vívela! Disfruta cada detalle y cuando no los encuentres, créalos.  Ama, llora, sufre y ríe como si fuese la última vez que lo hagas. El mundo está esperando personas que lo den todo de sí mismos en cada cosa que hagan, que disfruten hasta de las malas experiencias porque sean capaces de aprender de ellas.

Así que mientras estés vivo, vive.

Y ¿Por qué no? No pienses en lo que te retiene sino en lo que te empuja.

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No lo intentes, HAZLO.

¿Nunca os han dicho tanto algo sobre vosotros mismos, que habéis llegado a creéroslo? A veces estamos tan predispuestos a pensar que no podemos hacer algo, que cuando alguien nos pregunta nos damos cuenta de que ni siquiera lo hemos intentado. Todos tenemos puntos fuertes, es cierto pero ¿por qué eso impide que intentemos ir más allá de nuestros límites? Quizá encontremos allí algo que nos llene más que aquello a lo que estamos acostumbrados.

De hecho, lo que mejor sabemos hacer no tiene por que venir de nuestras habilidades, sino que en muchas ocasiones viene de nuestra rutina, de lo que hacemos cada día. Porque no importa como de mal se nos diera al principio, en casi todos los campos, con esfuerzo y tiempo llegamos a ser maestros de la materia.

Así que mi recomendación del día es la misma que me ha dado alguien recientemente: PRUEBA. Pero no lo intentes, hazlo. No importa como salga, lo que importa es lo que sientes haciéndolo. Y así a lo mejor descubres que tienes mucho más que ofrecer de lo que siempre te hicieron pensar.

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Venga, ataca. Lo estoy esperando.

Hace varias lunas que desperté en el bosque de nuevo. Por extraño que parezca, esta vez ni siquiera se que hago aquí. Tan sólo se que de repente, sus árboles parecen mas frondosos, no dejan pasar la luz. Pero esta vez no estoy sola, hay alguien entre las sombras aunque no parece venir para ayudar. Intento levantarme, intento hablar con esa sombra, pero todo lo que obtengo es el aullido del viento que me hiela los nervios y me sienta de un plumazo.

Casi prefería la soledad… Y ahora me doy cuenta. Estoy cansada. Es simplemente eso, el cansancio me trajo al bosque, uno del que te deja horas dándole vueltas a la cabeza. Quizás la única opción lógica sea quedarme a pasar un rato, reconectar con el sufrimiento para volver a entenderlo.

Y a pesar de todo, sólo oigo una frase: “Venga ataca, lo estoy esperando”

No puedo dejar que venza, no se si es orgullo o miedo, puede que ambas, pero están volviendo todos las bestias que creí dejar atrás y eso no puedo permitirlo. Ya tengo mi leño en llamas, preparado para espantar los demonios.

“Que vengan”

¿Fracaso?

Hoy tengo una pregunta que nunca pensé que pudiera dar para tanto:

¿Qué es el fracaso?

Lo más interesante de esta pregunta es que su respuesta dependerá en gran medida de a quien le estemos preguntando. Para mí, la gran mayoría de nuestros fallos no son fracasos sino tropiezos, piedras en el camino que existen para que aprendamos alguna lección y, sólo si no somos capaces de aprender esa lección, se convierten en fracasos.

Me doy cuenta cada vez más de que existen personas incapaces de ver este vaso del fracaso medio lleno. Cada mala noticia es solo eso, algo malo, negativo, una razón para estar triste y nada más. Pero, si no es nada más, ¿Qué razón tiene para existir? Quizás no haya ninguna y sea sólo eso, que la vida es así, pero creo que es mucho más fácil vivir pensando en lo bueno escondido tras cada una de esas piedras. Y sobre todo mucho más bonito (La vida ya es bastante turbia por sí sola como para verla desde su ángulo más oscuro).

¿Son el éxito y el fracaso caminos opuestos?

Desde luego que no. Son muy pocos si es que existen los que han logrado tener verdadero éxito, ya sea en el ámbito laboral o personal, sin sufrir antes algún que otro fracaso (¡o incluso muchos!). Esto debería dejarnos claro que el fracaso (o tropiezo) no es más que la primera parada en el camino hacia el éxito.

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Dicho esto, ¡fracasad! o mejor dicho, tropezad. Tropezad sin parar, pero nunca perdáis de vista la lección que se esconde detrás de cada piedra, porque si no os desviaréis del camino correcto.

Sin esperar nada a cambio

Hay situaciones que te hacen darte cuenta de muchas cosas. Es curioso como un sólo segundo, una decisión, una noticia, algo efímero a fin de cuentas, puede hacerte comprender una gran lección de vida.

Hoy, después de un mes de noticias y decisiones, de segundos que cambian vidas, tristemente me doy cuenta de que no importa lo que hagas por alguien, al final será ese alguien quien decidirá si está o no cuando tu lo necesites. En realidad nunca dependió de ti pues hay personas que incluso sin que tu hayas puesto tu granito de arena, no dudarán en darte toda su ayuda y apoyo, y otras que habiendo recibido de ti todo lo posible, simplemente desaparecerán de tu vida.

Lo uno nos da una grata sorpresa y lo otro una tremenda decepción. Después de esto, me doy cuenta de que el dicho “da sin esperar nada a cambio” no es tan filantrópico  como parece en un primer momento; ahora tiene otro sentido: Da sin esperar nada a cambio, pues lo que recibas de esta persona no va a depender de lo que le diste.

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Sin embargo, lo que le des sí que te definirá como persona, te aportará estabilidad emocional, calma, y al final del camino, tendremos lo que dimos, aunque debamos entender que no necesariamente vendrá de aquellos que fueron afortunados de tenernos.

En segundos

Hay días que te cambian la vida. Ya sea para bien o para mal, todo cambia en un segundo. La vida se va y viene en tan sólo un abrir y cerrar de ojos. Hay días que desearías que todo fuera más sencillo aunque si lo pensamos bien… más sencillo no puede ser.

El mensaje es claro: Vive bien y vive mucho, que nunca se sabe por donde puede salir la vida.

Lo que está claro es que si algo te enseñan los reveses de la vida es a luchar. Pase lo que pase, digan lo que digan. Porque nadie sabe si están equivocados y si, luchando, podrías llegar más lejos o podrías salvarte. El pensamiento positivo, a veces, es lo único que nos queda.

Y sin embargo, no es poco. Así que luchemos cada día por simplificarlo todo, por vivir el día a día sin perder de vista el mañana pero sabiendo siempre que nunca sabremos que día es el último.

Vamos, que carpe diem.

Just give me a memory

Los sentimientos son, en su mayoría, efímeros.

Pero la vida nos regala pequeños momentos, recuerdos, que nos permiten revivirlos una y otra vez mientras nuestra memoria sea lo suficientemente potente. Pero lo más especial de algunos de esos recuerdos, es que se esconden detrás de lo que menos esperas; A saber, una pared blanca, un caramelo en un bolsillo, una flor o un instrumento. Olores, sabores o imágenes que te transportan muy lejos de donde estás, a otro tiempo y otro lugar en el que viviste algo realmente importante.

Lo bueno, es que te permite revivir los buenos momentos. Lo no tan bueno, que no discierne cuales de esos recuerdos son buenos y cuales tristes. Tristes y no malos, pues los malos ya se encarga nuestro maravilloso subconsciente de eliminarlos (casi siempre).

Y al final, son siempre los detalles los que marcan nuestra vida. Ya sea pasado, presente o futuro.

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Polvo

De vez en cuando regresaba al bosque.

A fin de cuentas, es el mundo que la vio crecer. Cada vez que entraba tenía sentimientos encontrados, aquel que había sido su hogar ahora se le presentaba frío y distante y, sin embargo, seguía siendo su hogar. Es curioso como un sitio que saca lo peor de nosotros puede ser el sitio donde nos sintamos más a gusto, así de masoquistas podemos llegar a ser los humanos.

En esta ocasión, fue un montón de polvo el que la hizo volver. Bueno, en realidad varios montones. Rodeada del polvo de sus recuerdos más puros, los más infantiles y a la vez los más bellos que poseía, se dio cuenta de lo fácilmente que perdemos la perspectiva de las cosas que amamos cuando algo nos hiere. Aquello que había estado tan claro ahora se veía borroso, tan sólo porque algo ya no estaba donde debería. O mejor dicho, nada estaba donde debería.

Entró en aquella habitación sólo para descubrir que ya no existía. Una mancha en la pared revelaba el lugar donde cada día y cada noche debíamos darle un beso a aquella foto y otra en el suelo el lugar donde siempre se guardaban las espadas de la casa, pues eso eran para aquella niña los bastones que allí esperaban ser útiles. Aún esperanzada, entró a la siguiente habitación. No se lo podían haber llevado todo, todo, ¿no? Buscó hasta en el último de los cajones algo que significaría un mundo para ella, algo que la llevara de vuelta a donde creía estar, algo que le dijera que todo eso había ocurrido y no se hallaba sólo en su mente. Pero la cruda realidad acabó mostrándose ante ella: sus recuerdos ahora sí que eran sólo eso, recuerdos. Permanecerían en su memoria si, pero ¿Quién sabía por cuanto tiempo? Desde entonces, cada noche se esforzaba por reproducir en su cabeza aquellas palabras que aún la unían a su infancia. Aquella voz que la llamaba, aquellas zapatillas que debían estar en su lugar exacto, aquel chiste que cuando tuviera fuerzas suficientes volvería a escuchar. Y si todo salía bien, hasta volvería a reírse con él.

Debía salir del bosque y lo sabía, si es que no quería que volviese a ser su cárcel. Pero esta vez era algo diferente; Esta vez, se llevaba el bosque dentro de ella y quien sabe cuando saldrá.

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Frágiles

El ser humano es realmente un animal muy frágil. ¿Habéis notado como nos sentimos incapaces de la tarea más sencilla sólo por un poco de fiebre? Ante las dificultades, si nos dejamos llevar, nuestra naturaleza nos hace terminar en un sofá, calentitos y durmiendo hasta que se nos pase. En realidad, da lo mismo que nuestra dolencia sea física o psicológica: en cuanto vemos la oportunidad de tumbarnos hay algo dentro de nosotros mismos que nos empuja a tirar la toalla. “El camino fácil” que siempre está ahí, atractivo y maloliente, esperando a que caigamos en sus redes.

Es por eso que admiramos tanto a aquellos que ante las dificultades no dudan un momento en ni siquiera sentarse. Porque eso les acercaría a la tentación y ellos tienen claro que ese camino será más fácil pero desde luego no les llevará al éxito.

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Hay tanta gente a la que he oído decir cosas como “yo que culpa tengo” “lo he pasado muy mal, ¿cómo quieres que esté?” Que ¿cómo quiero que estés? Vivo. Quiero que estés vivo. Porque como dijo un grande, ya tendremos tiempo de dormir cuando estemos muertos, y todo ese tiempo que malgastamos recreándonos en nuestro dolor no sirve sino para convertirnos en peores personas, cada vez capaces de menos, pero eso sí, con una suerte terrible.

Pues yo he decidido que no creo en la suerte, porque pienso que creer en ella es el camino fácil. Crea tu propia suerte con esfuerzo, con dedicación y con una voluntad férrea que te permita andar sobre tus pasos en busca de soluciones (porque lo de buscar sólo errores no sirve de mucho y buscar culpables está muy visto y total, nunca fuimos nosotros mismos).

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Lo bueno de mi ¿suerte? es que después de conocer a tantas personas encantadas consigo mismas pero, en su propia opinión , despreciadas por el cosmos, la vida, la suerte o cualquier otro chivo expiatorio, he querido conocer al punto opuesto, a una serie de personas que desde muy jóvenes han decidido crear su suerte y luchar por ella con todo lo que tienen. No tengo la más mínima duda de que serán ellos a quienes miraré dentro de unos años y pensaré en lo orgullosa que me he sentido siempre de ellos.

Y lo peor de todo es que son estas personas, las que recorren su propio camino y luchan día a día, las que suelen tener peor concepto de sí mismas, porque como no creen en la suerte, tampoco creen en la mala suerte y eso suele implicar que ellos son los únicos culpables de sus fallos. Teniendo en cuenta que todos fallamos más que a menudo, esa puede ser una dura carga.

Así que desde aquí les pido a esas personas, que se den cuenta de lo maravillosas que son por andar sus pasos y no dejarse llevar por el rebaño, por ser únicas y especiales, y dejen de sentirse menos que una sociedad limitada por su propia inercia.