Venga, ataca. Lo estoy esperando.

Hace varias lunas que desperté en el bosque de nuevo. Por extraño que parezca, esta vez ni siquiera se que hago aquí. Tan sólo se que de repente, sus árboles parecen mas frondosos, no dejan pasar la luz. Pero esta vez no estoy sola, hay alguien entre las sombras aunque no parece venir para ayudar. Intento levantarme, intento hablar con esa sombra, pero todo lo que obtengo es el aullido del viento que me hiela los nervios y me sienta de un plumazo.

Casi prefería la soledad… Y ahora me doy cuenta. Estoy cansada. Es simplemente eso, el cansancio me trajo al bosque, uno del que te deja horas dándole vueltas a la cabeza. Quizás la única opción lógica sea quedarme a pasar un rato, reconectar con el sufrimiento para volver a entenderlo.

Y a pesar de todo, sólo oigo una frase: “Venga ataca, lo estoy esperando”

No puedo dejar que venza, no se si es orgullo o miedo, puede que ambas, pero están volviendo todos las bestias que creí dejar atrás y eso no puedo permitirlo. Ya tengo mi leño en llamas, preparado para espantar los demonios.

“Que vengan”

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¿Fracaso?

Hoy tengo una pregunta que nunca pensé que pudiera dar para tanto:

¿Qué es el fracaso?

Lo más interesante de esta pregunta es que su respuesta dependerá en gran medida de a quien le estemos preguntando. Para mí, la gran mayoría de nuestros fallos no son fracasos sino tropiezos, piedras en el camino que existen para que aprendamos alguna lección y, sólo si no somos capaces de aprender esa lección, se convierten en fracasos.

Me doy cuenta cada vez más de que existen personas incapaces de ver este vaso del fracaso medio lleno. Cada mala noticia es solo eso, algo malo, negativo, una razón para estar triste y nada más. Pero, si no es nada más, ¿Qué razón tiene para existir? Quizás no haya ninguna y sea sólo eso, que la vida es así, pero creo que es mucho más fácil vivir pensando en lo bueno escondido tras cada una de esas piedras. Y sobre todo mucho más bonito (La vida ya es bastante turbia por sí sola como para verla desde su ángulo más oscuro).

¿Son el éxito y el fracaso caminos opuestos?

Desde luego que no. Son muy pocos si es que existen los que han logrado tener verdadero éxito, ya sea en el ámbito laboral o personal, sin sufrir antes algún que otro fracaso (¡o incluso muchos!). Esto debería dejarnos claro que el fracaso (o tropiezo) no es más que la primera parada en el camino hacia el éxito.

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Dicho esto, ¡fracasad! o mejor dicho, tropezad. Tropezad sin parar, pero nunca perdáis de vista la lección que se esconde detrás de cada piedra, porque si no os desviaréis del camino correcto.

Sin esperar nada a cambio

Hay situaciones que te hacen darte cuenta de muchas cosas. Es curioso como un sólo segundo, una decisión, una noticia, algo efímero a fin de cuentas, puede hacerte comprender una gran lección de vida.

Hoy, después de un mes de noticias y decisiones, de segundos que cambian vidas, tristemente me doy cuenta de que no importa lo que hagas por alguien, al final será ese alguien quien decidirá si está o no cuando tu lo necesites. En realidad nunca dependió de ti pues hay personas que incluso sin que tu hayas puesto tu granito de arena, no dudarán en darte toda su ayuda y apoyo, y otras que habiendo recibido de ti todo lo posible, simplemente desaparecerán de tu vida.

Lo uno nos da una grata sorpresa y lo otro una tremenda decepción. Después de esto, me doy cuenta de que el dicho “da sin esperar nada a cambio” no es tan filantrópico  como parece en un primer momento; ahora tiene otro sentido: Da sin esperar nada a cambio, pues lo que recibas de esta persona no va a depender de lo que le diste.

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Sin embargo, lo que le des sí que te definirá como persona, te aportará estabilidad emocional, calma, y al final del camino, tendremos lo que dimos, aunque debamos entender que no necesariamente vendrá de aquellos que fueron afortunados de tenernos.