Just give me a memory

Los sentimientos son, en su mayoría, efímeros.

Pero la vida nos regala pequeños momentos, recuerdos, que nos permiten revivirlos una y otra vez mientras nuestra memoria sea lo suficientemente potente. Pero lo más especial de algunos de esos recuerdos, es que se esconden detrás de lo que menos esperas; A saber, una pared blanca, un caramelo en un bolsillo, una flor o un instrumento. Olores, sabores o imágenes que te transportan muy lejos de donde estás, a otro tiempo y otro lugar en el que viviste algo realmente importante.

Lo bueno, es que te permite revivir los buenos momentos. Lo no tan bueno, que no discierne cuales de esos recuerdos son buenos y cuales tristes. Tristes y no malos, pues los malos ya se encarga nuestro maravilloso subconsciente de eliminarlos (casi siempre).

Y al final, son siempre los detalles los que marcan nuestra vida. Ya sea pasado, presente o futuro.

memories

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Polvo

De vez en cuando regresaba al bosque.

A fin de cuentas, es el mundo que la vio crecer. Cada vez que entraba tenía sentimientos encontrados, aquel que había sido su hogar ahora se le presentaba frío y distante y, sin embargo, seguía siendo su hogar. Es curioso como un sitio que saca lo peor de nosotros puede ser el sitio donde nos sintamos más a gusto, así de masoquistas podemos llegar a ser los humanos.

En esta ocasión, fue un montón de polvo el que la hizo volver. Bueno, en realidad varios montones. Rodeada del polvo de sus recuerdos más puros, los más infantiles y a la vez los más bellos que poseía, se dio cuenta de lo fácilmente que perdemos la perspectiva de las cosas que amamos cuando algo nos hiere. Aquello que había estado tan claro ahora se veía borroso, tan sólo porque algo ya no estaba donde debería. O mejor dicho, nada estaba donde debería.

Entró en aquella habitación sólo para descubrir que ya no existía. Una mancha en la pared revelaba el lugar donde cada día y cada noche debíamos darle un beso a aquella foto y otra en el suelo el lugar donde siempre se guardaban las espadas de la casa, pues eso eran para aquella niña los bastones que allí esperaban ser útiles. Aún esperanzada, entró a la siguiente habitación. No se lo podían haber llevado todo, todo, ¿no? Buscó hasta en el último de los cajones algo que significaría un mundo para ella, algo que la llevara de vuelta a donde creía estar, algo que le dijera que todo eso había ocurrido y no se hallaba sólo en su mente. Pero la cruda realidad acabó mostrándose ante ella: sus recuerdos ahora sí que eran sólo eso, recuerdos. Permanecerían en su memoria si, pero ¿Quién sabía por cuanto tiempo? Desde entonces, cada noche se esforzaba por reproducir en su cabeza aquellas palabras que aún la unían a su infancia. Aquella voz que la llamaba, aquellas zapatillas que debían estar en su lugar exacto, aquel chiste que cuando tuviera fuerzas suficientes volvería a escuchar. Y si todo salía bien, hasta volvería a reírse con él.

Debía salir del bosque y lo sabía, si es que no quería que volviese a ser su cárcel. Pero esta vez era algo diferente; Esta vez, se llevaba el bosque dentro de ella y quien sabe cuando saldrá.

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