Nothing else to say

No es justo.

Que sea tu escudo frente al mundo

Y no tu espada.

Que sea el volcán donde arrojas tus miedos

El chivo expiatorio de tus debilidades

La causa perenne de tus fracasos

Y no tu espada.

No es justo.

Que cada dia que pasa encuentres

Como convertir en mio el peso de tus “no puedo”.

Que tu frustración sea mi pecado

Y mi culpa el no saber echarlo

Y mio el miedo de volver a verlo

Y no tu espada.

No es justo.

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Sociedad Ansiosa

Cada vez me encuentro a mi misma más convencida de que muchos de los problemas de la sociedad en la que vivimos tienen la misma causa: la ley del mínimo esfuerzo.

Vivimos rodeados de personas que prefieren encontrar la más mínima excusa para conseguir una paguita del gobierno que les “solucione” la vida que trabajar dignamente. Que de eso se trata el trabajo, de conseguir dignidad para uno mismo, de sentirse útil y contribuir al crecimiento personal y social de un colectivo.

Vivimos en un mundo en el que lo raro no es quien toma un ansiolítico sino quien no lo toma, porque es mucho más fácil tomarse una pastilla que aprender a controlar los nervios. Ojo, que la ansiedad puede ser un enemigo a veces difícil de vencer y una pastilla puede ser una ayuda muy útil en momentos puntuales, pero que un porcentaje alarmantemente alto de la sociedad se las tome como sugus pues oye, tampoco. Porque de toda esa gente, la mitad ni las necesita pero, con tal de no hacer el mínimo esfuerzo, prefieren tomársela antes que contar hasta 10 (“¡o hasta 100 si hace falta!” Que dice siempre mi madre). Y la mitad que realmente puede necesitarlas se niega a ir a un psicólogo que le ayude con su problema porque “yo no estoy loco”. No señor, no está loco. Pero si se rompe un pie va al traumatólogo ¿verdad? ¿O le basta con una pastillita para el dolor?

Vivimos en una sociedad que repugna a los políticos corruptos (muy bien hecho) pero que es incapaz de pagar su iva, sus retenciones, sus seguros sociales y un largo etcétera de impuestos (muy mal hecho). Que es muy fácil llamar ladrón al pez grande porque es grande pero yo “es que me niego a pagar a esos chorizos, lo mio no es robar, es no ser tonto”. Porque pagar los impuestos con los que deberían subvencionarse los estudios de los jóvenes, las pensiones de los mayores, los parques para los niños, la sanidad para todos, la educación y otro largo etcétera de servicios públicos, es algo “tonto”. Pero eso sí, dártelos te los tienen que dar. “Porque tu tienes derecho” Lo que se me escapa es en que momento se desvincularon los derechos de las obligaciones, será que me educaron a la antigua.

Y lo peor es que esa mágica ley, la pagamos todos.

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Inconformistas

Hoy, me he dado cuenta de que no hay que conformarse. Hay que salir al mundo y buscar los detalles que hacen que nuestra vida merezca la pena.

Quien siente que no encaja, realmente no aporta nada. Ni a sí mismo ni a la sociedad ni a nadie. El tedio de encontrarse en una situación tan distinta de la deseada puede llegar a suponer una barrera importante a la hora de sobreponerse; La clave es tener las ideas claras y no tener miedo, pero claro, ni una ni otra son tan fáciles.

Hay quien nace con un objetivo en la vida, desde pequeños tienen claro que quieren hacer, qué les va a hacer feliz y les va a permitir realizarse como personas. Que suerte la suya.

Si sientes que vas dando tumbos, que no estás contento del todo con ningún camino que elijes, al final te cansas. Pero hay que seguir buscando.

Porque al final lo que no hagamos nadie lo va a hacer por nosotros, así que vale la pena arriesgarse y ser quienes somos, ni mas ni menos, para encontrar el lugar que merecemos.

Este post va dedicado a una amiga que se encuentra algo perdida, con la esperanza de que encuentre fuerzas para sobreponerse a todo.

Recuerdos

Hoy vienen a mi cabeza algunas grandes frases que tuve la suerte de oir en primera persona. Frases, personas, que traen muchos recuerdos a mi memoria y me hacen revivir los grandes momentos de mi vida. Y recordando, me he dado cuenta de que esos grandes momentos no son, en su mayoria, momentos que resalten por su grandeza o su importancia, quiero decir, la mayoría son días normales, en sitios normales, sin nada de especial en sí mismos más que las personas que los estaban viviendo. Una mirada en un coche, un beso en un portal, una cena improvisada… Y así, recordando, me acordé de algo que ya había pensado: la magia existe en cada uno de nosotros, está dentro de cada uno de esos momentos que guardamos en nuestro corazón. Nos permite olvidar lo malo y seguir adelante, nos da fuerzas de flaqueza aunque a veces pueden ser traicioneros esos recuerdos. Lo importante es saber disfrutarlos como lo que son, y no quedarnos encerrados en aquello que no volverá.

Mecanismos de defensa

Gracias a una amiga muy especial me he dado cuenta de que, todos tenemos un doble rasero a la hora de tomarnos nuestras emociones. Si alguien te pregunta que es el dolor, te paras a pensar y razonas hasta que das con una respuesta que consideras satisfactoria. En mi caso, el dolor es aprendizaje, es la forma que tienen alma y cuerpo de recordarte las piedras en las que tropezaste para intentar (habitualmente sin éxito) que vuelvas a caer. Pero al pensar en esto me he dado cuenta de otra cosa: El dolor es una mierda cuando duele, pero un alivio cuando pasa. Si a alguien que esté sufriendo en este momento le preguntamos que es el dolor, nos dirá que es una puta mierda. Si por otra parte le preguntamos a esa misma persona en un momento de tranquilidad, razonará y nos dirá una respuesta más parecida a la primera. ¿Tiene lógica? ¿Cuál es la verdadera respuesta? Es un mal necesario, quizás. Sin embargo, lo que más curioso me resulta es como un mismo sentimiento se siente de formas diferentes en función del momento y del lugar. Las malas emociones se suavizan y las buenas se exaltan, supongo que presas del magnífico mecanismo de defensa de nuestra mente, prodigiosa, que nos hace recordar sólo aquello que nos servirá de ayuda en el futuro. ¿Qué pasaría si fuera de otra forma? Nos pasaríamos la vida teniendo miedo, porque los tropiezos son inevitables.

Así pues, a fin de cuentas, quizás el dolor no sea algo tan malo.